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27.9.08

Lanzandose al vacío II: Preparando tu salto

Por Armando Sosa.

Aunque la metáfora del salto al vacío se antoja súper intensa y extrema, la verdad es que la decisión de dejar tu empleo y volverte freelancer no puede ser tomada por puro ímpetu. Debes planificarla cuidadosamente y esperar al momento exacto para hacerlo de forma correcta.

Aquí algunas recomendaciones que yo seguí y me funcionaron o que desearía haber seguido.

Hazlo paulatinamente.

Trata de conseguir tus primeros clientes antes de dejar tu actual empleo. Puedes empezar trabajando un poco por la noche o durante los fines de semana. Luego, si te es posible, cambia tu empleo de tiempo completo por uno de medio tiempo y dedícale el resto del día a tus clientes propios.

El beneficio obvio de hacer esto, es que cuando por fin te vayas por tu cuenta de tiempo completo, tendrás ya una cartera de clientes y dinero en la bolsa (más sobre esto más adelante). Pero además mejorarás tus habilidades de comunicación y de organización de tiempo y podrás cometer errores mientras la apuesta aun no es tan grande.

Un consejo extra es que seas claro con tus clientes y les hagas entender desde un principio tu situación laboral. Los buenos clientes son muy empáticos y los malos clientes no nos interesan.

Ten un colchón, metafóricamente hablando.

No recuerdo donde lo leí, pero el autor de un artículo como éste pero en inglés recomendaba tener en el banco el equivalente a 6 meses de tu sueldo actual antes de aventarte. Lo leí justo después de decidirme, pero como dos años antes de aventarme, Y durante esos dos años, apenas si pude reunir dos meses de mi súper-sueldo que se me fueron en la primera (y única, gracias a Dios) crisis.

Si tu situación actual es parecida a la mía, piensa con cuanto dinero puedes vivir con lo más básico durante el tiempo que te tomaría aguantar un poco y luego ir y conseguir un empleo en caso de que todo salga mal. Recuerda que hay que desear lo mejor, pero estar preparados para lo peor.

Por favor, resiste la urgencia de usar ese dinero para agarrarte dos meses de vacaciones pagadas antes de ponerte a trabajar. No digo que no te tomes una semanita para disfrutar del ocio, pero por favor no te gastes tu fondo de emergencia. Creeme, es una muy mala idea.

No quemes los puentes.

Lo peor que puedes hacer es ir el último día de tu estancia en la empresa donde trabajas a la oficina del gerente y decirle lo mendigos explotadores, negreros, hijos de Juanga y americanistas que son.

Tampoco se te vaya a ocurrir aplicar la de ”–Voy por cigarros” y desaparecerte para siempre. Muy pronto vas a dejar de ser un empleado escondido tras la estructura corporativa y vas a entrar a un mundo donde tendrás que dar la cara y las relaciones son más importantes de lo que te imaginas.

Yo avisé que me iba casi con seis meses de anticipación y no me despedí hasta que no hube conseguido y entrenado un reemplazo. Además les aseguré que estaba a sus ordenes y me ofrecí a prestarles mis servicios profesionales si en algún futuro los necesitaban.

Ten mucho cuidado de no quemar puentes. No sabes si la empresa que dejas o alguien dentro de ella, el día de mañana puede ser tu cliente o tu proveedor. Además, cuando tienes la sombrilla en la mano y estás parado en la puerta del avión a tres mil doscientos metros del piso, da mucha seguridad que te digan con una sonrisa:

– Que mal que te vas, pero si un día decides regresar tienes las puertas abiertas.

Aterriza corriendo.

Si sigues el primero consejo de esta lista, seguir éste va a ser mucho más fácil: Salte con trabajo.

Para cuando finalmente dejé mi empleo tenía 2 años trabajando por mi cuenta en mis ratos libres y seis meses haciéndolo por medio tiempo. Mi señal de salida fue cuando me contrataron para hacer un proyecto muy grande (en realidad no era tan grande, pero mis estándares eran otros entonces) que me garantizaba por lo menos dos meses de trabajo seguro.

El peor error que pude haber cometido era sentarme en mi casa a esperar a que llegara el primer cliente a mi puerta. Lo sé porque al primer mes este proyecto del que les escribía se canceló y me quedé sobreviviendo sólo con chambitas durante casi dos meses. Si no hubiera construido con anterioridad una pequeña cartera de clientes y un portafolio con el cual ir a buscar más trabajo, se que en menos de cuatro meses habría estado de vuelta en mi antigua oficina (o en una muy parecida).

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